Grim Trials: metal, inframundo y Hades

Grim Trials: roguelite que brilla pese a su sombra

Grim Trials llegó a mis manos gracias a una clave de JF Games, y te lo digo directo: no es el típico roguelite que se olvida a la semana. Desarrollado por Glory Jam y publicado por Soft Source, este título te pone en la piel de Avelin, una joven que muere antes de tiempo y termina reclutada en el Inframundo como aprendiz de Parca. ¿El objetivo? Superar siete pruebas vinculadas a los siete pecados capitales, enfrentarse a monstruos, almas pecadoras y jefes sacrílegos, y ganar el poder suficiente para volver a ver al amor de su vida, que sigue vivo en el mundo terrenal. Suena a premisa sencilla, y lo es, pero funciona. En Plétora Studio no reseñamos por llenar espacio; reseñamos para que sepas qué esperar antes de gastar tu tiempo.

La historia se sostiene sobre una decisión narrativa clara: usar el amor como motor, no la venganza ni la redención épica. Avelin no quiere salvar el mundo, quiere volver con alguien. Eso humaniza el viaje y le da un peso emocional que muchos roguelites ignoran. Entre expedición y expedición, regresas a una base de operaciones donde interactúas con otros personajes, completas misiones secundarias y desbloqueas recursos y trasfondo del Inframundo. Es un hub clásico, sí, pero bien ejecutado. Los mentores y secundarios aportan personalidad, y el Inframundo moldeado por la mente de Avelin da espacio para que el diseño de niveles y la narrativa ambiental hagan su trabajo. No es una historia compleja, pero es una historia que se siente.

Ahora, hablemos de la sombra que persigue a Grim Trials: Hades. Es inevitable. El juego bebe directamente de la saga de Supergiant Games, y no lo oculta. Mecánicas, sistema de progresión, el hub al que retornas después de cada raid, los personajes… Todo se parece muchísimo. Al principio, esa sensación de estar jugando una “copia pobre” de Hades es difícil de sacudir. Y es una lástima, porque Grim Trials tiene cosas propias que merecen brillar. Pero seamos justos: cuando bebes de una fuente tan buena, era difícil que el resultado no fuera satisfactorio. No es pecado inspirarse; el pecado es no aportar nada. Grim Trials aporta, sobre todo, en su estética y en la fluidez de su combate. Pero la comparación le pesa, y eso le resta puntos.

En lo jugable, Avelin se mueve de maravilla. Los controles son sencillos e intuitivos, y el sistema de progresión recompensa bastante. Cada vez que avanzas, los enemigos aumentan en diversidad y dificultad. Como en todo roguelite, los primeros intentos pueden ser frustrantes, pero con un poco de paciencia notas cómo llegas un poquito más lejos en cada raid. Esa curva de dificultad está bien calibrada: no te regala nada, pero tampoco te castiga sin sentido. Las decisiones de diseño apuntan a que el jugador sienta que su habilidad y su equipo importan, y eso se agradece.

La progresión es otro de sus fuertes. Cada derrota deja experiencia, y cada nivel se traduce en puntos de habilidad para un árbol bastante presente. Además, los enemigos sueltan materiales que usas en las distintas habitaciones del hub central para elaborar pociones, atuendos, armas y más. Todo eso lo equipas a Avelin para hacerla más fuerte. Entre estancias, además, puedes elegir mejoras de habilidades pasivas para cada raid, lo que te permite experimentar con combinaciones y le da una profundidad extra que le sienta estupendamente. No es un sistema revolucionario, pero está bien pensado y te mantiene enganchado.

Si por algo destaca Grim Trials a primera vista es por su apartado artístico. Oscuro, dibujado a mano, metalero y muy cuidado. La paleta es oscura pero colorida, y eso hace que el juego te entre por los ojos desde el minuto uno. La banda sonora ambiental es totalmente metalera y oscura, algo que celebramos quienes amamos el género y que potencia todas las virtudes del título. No es solo estética: el arte y la música construyen una atmósfera coherente con la historia de Avelin y con ese Inframundo que se siente opresivo pero nunca monotemático. Es un placer ver y oír un indie con esta identidad.

En el contexto de la industria, Grim Trials llega a un género saturado y con Hades todavía muy fresco. Eso es un riesgo, y se nota. Pero también es una muestra de ambición. Glory Jam no se esconde: sabe de dónde viene y apuesta por ejecutar bien lo que otros inventaron. El resultado es un roguelite que se puede disfrutar, pero ahora con conocimiento de causa: no esperes una reinvención del género ni una identidad que se despegue del todo de su referente. Espera una ejecución sólida, un combate fluido, una progresión satisfactoria y un apartado artístico que se defiende solo. Si eso te basta, vas a encontrar un “come horas” muy digno.

Veredicto: Grim Trials es, con total probabilidad y a falta de unos meses, uno de los mejores roguelites que verás en 2026. Su gameplay fluido, su profundidad para personalizar armas, atuendos y habilidades, y un apartado artístico muy cuidado lo convierten en un serio candidato a devorarte las tardes. Su punto negativo es que se parece demasiado a Hades, y eso hace que no brille tanto como podría. Aun así, si puedes superar esa sombra y estás ávido de un juego que te evoque las sensaciones de Supergiant Games, Grim Trials te va a satisfacer enormemente. Vale la pena, sobre todo si el metal y el Inframundo son tu onda. En Plétora Studio lo analizamos con honestidad, reconociendo lo que hace bien y señalando lo que puede mejorar, porque la alianza con JF Games se basa en el respeto, no en la adulación.


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