Cómo la CIA tendió una trampa a la URSS usando a los muyahidines como carnada
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Operación Ciclón – La trampa que convirtió Afganistán en la tumba del imperio soviético
La segunda temporada de La Cripta del Toño abre con la Operación Ciclón, la operación encubierta más larga y costosa de la CIA hasta ese momento: más de 2,000 millones de dólares canalizados entre 1979 y 1989 para armar, entrenar y financiar a los muyahidines afganos en su guerra contra la URSS. El programa no se detiene en el dato histórico; expone la lógica del ajedrez geopolítico: a Estados Unidos no le importaba Afganistán ni su pueblo, le importaba hacer sangrar a la Unión Soviética como esta lo había hecho con ellos en Vietnam. Jimmy Carter firmó la directiva inicial en julio de 1979, meses antes de la invasión soviética, lo que demuestra que la trampa estaba tendida antes de que Moscú cayera en ella. Brzezinski lo admitió años después sin remordimiento: «Aumentamos conscientemente la probabilidad de que intervinieran».
El expediente desmonta la narrativa del «combatiente por la libertad» que Reagan vendió en los medios. Los muyahidines no eran granjeros humildes defendiendo su terruño, como sugiere Rambo III. Eran, en buena medida, terratenientes, señores de la guerra y fundamentalistas islámicos opuestos a cualquier modernización que amenazara sus privilegios ancestrales. La Revolución de Saur había intentado alfabetizar, repartir tierras y dar derechos a las mujeres; eso, para el establishment tribal y religioso, era una herejía imperdonable. La CIA no los eligió por su amor a la libertad, sino por su disposición a matar soviéticos. Eran fichas desechables en un tablero que no les pertenecía.
La operación tuvo un costo humano que el programa no maquilla: entre 600,000 y 1.5 millones de civiles afganos muertos, y unos 5 millones de refugiados hacia Pakistán e Irán. Mientras Reagan sonreía en la Casa Blanca y llamaba a los muyahidines «padres fundadores», Afganistán se desangraba. La victoria táctica fue indiscutible: la URSS se retiró humillada en 1989 y el desgaste contribuyó a su colapso. Pero la factura estratégica vendría después, cuando los mismos grupos armados y radicalizados se convirtieran en el enemigo global que atacaría a Estados Unidos el 11 de septiembre de 2001. El programa cierra el círculo con crudeza: la CIA alimentó al monstruo, y el monstruo volvió a casa.
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Desde Studio, este expediente no busca condenar la geopolítica como si fuera un accidente moral, sino exponerla como un método. La Operación Ciclón no fue una aberración: fue la aplicación sistemática de una doctrina que subordina la vida humana a los intereses estratégicos. Afganistán fue el laboratorio donde se perfeccionó el arte de usar a otros para librar guerras propias. Y ese arte sigue vigente.
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