Yo me pregunto
¿Qué dirían nuestros antepasados al ver el México que ha sido? ¿Qué dirán nuestros nietos cuando pregunten qué hicimos con el tiempo? Es hora de que nos empecemos a preguntar esto y más. Nuevo Pulso de Caro.
Microblogging rápido y sin rodeos. Opiniones, avisos y lo que pasa en el día a día. Aquí no hay tiempo para introducciones largas. Se dice y se va.
¿Qué dirían nuestros antepasados al ver el México que ha sido? ¿Qué dirán nuestros nietos cuando pregunten qué hicimos con el tiempo? Es hora de que nos empecemos a preguntar esto y más. Nuevo Pulso de Caro.
Si todo es tu culpa y tu aprendizaje, el abusador queda libre. Eso no es espiritualidad: es impunidad disfrazada. Necesitamos menos doctrinas que adormecen y más pedagogía real que nombre la injusticia.
¿De qué sirve la familia si está dividida? Envidia, control y desunión le ganan al amor. Ojalá me equivoque, pero si falla el núcleo, ¿qué queda? Nuevo Pulso de Caro.
El new age no libera: disfraza el control de espiritualidad. «Todo es un aprendizaje» justifica la injusticia y adormece la acción. Nuestras naciones no necesitan eso: necesitan reconocer sus injusticias y seguir adelante.
20 episodios de ‘¿Y qué tal si…?’. Un año pensando en voz alta, incomodando, investigando. No es una colección de respuestas, es un archivo de preguntas. Gracias por escuchar.
Negar la injusticia no es madurez: es ceguera. Reconocerla no es victimismo: es lucidez. La pregunta no es si existe, sino qué hacemos con ella cuando la encontramos.
No es tu culpa que el sistema esté así. No puedes juzgar a la persona que fuiste con la información que tienes hoy. Nuevo Pulso de Caro para quien necesitaba leerlo.
Queremos un país de primer mundo, pero al joven que estudia ciencias le preguntan «¿y eso da dinero?». Exigimos frutos sin cuidar la raíz. El conocimiento también es riqueza: la más difícil de arrebatar.
El New Age se está tragando la espiritualidad prehispánica. Sacerdotes de internet vendiendo autenticidad mexica. Me harté. Nuevo Pulso de Caro.
A veces somos lo que otros quieren que seamos. Por eso un niño se conecta más con un personaje de ficción que con su comunidad. Llenar esos huecos con lo propio es la única forma de quitarnos el yugo.