De cuando HICOOL nos encontró: Un concurso global en Beijing nos buscó, nos dedicó tiempo Y nos hizo una pregunta incómoda: ¿estábamos dispuestos a mudar el corazón de Plétora a China?
Este año ha sido de lo internacional. Ya les conté de cuando íbamos a ir por invitación a la sede de la ONU en Suiza. Ahora les voy a contar de cuando HICOOL nos encontró.
HICOOL es un concurso global de emprendimiento con sede en Beijing, respaldado por el gobierno chino. Hablamos de más de 34 mil proyectos de 167 países, 16 unicornios salidos de ahí, premios millonarios en yuanes, apoyo para residencia, seguro médico y toda la infraestructura del Estado detrás. No es un concurso cualquiera, es una maquinaria.
Y nos encontraron a nosotros, a Plétora, contactándonos por LinkedIn y tiempo después por correo. No los buscamos, no aplicamos a ciegas: aparecimos en su radar internacional. Nos escribieron, nos invitaron, nos revisaron, nos pidieron ajustes. Amablemente, nos dedicaron tiempo, lo cual agradecemos sinceramente.
Aún así y dicho esto, debo confesar que ahí vino la parte incómoda, porque si nos seleccionaban, el plan era dejar todo y mudarnos. Registrar entidad en el distrito de Shunyi, establecer base operativa en Beijing, dividir el tiempo entre China y México. Eso significa dejar la casa, la familia, la comunidad, la vida armada. Y sí, estábamos emocionados ante la posibilidad. También les confieso que nos dio miedo.
Pero descubrimos algo: estábamos dispuestos a dar el paso con tal de crecer, de superarnos, de que Plétora dejara de ser un proyecto «local» y se volviera otra cosa.
Llenamos un formulario internacional en otro idioma. Corregimos detalles, ajustamos porcentajes, redactamos un pitch deck de 12 diapositivas desde cero tanto en chino mandarín como en inglés. El comité nos devolvió observaciones. Las respondimos en menos de 24 horas y pasamos el primer filtro.
Y ahí nos topamos con la pregunta de fondo.
¿Entregar nuestra infraestructura, nuestra visión, nuestra soberanía, a un país que no es el nuestro? Nosotros, que decimos que la soberanía digital se construye desde el territorio, ¿íbamos a montar el corazón de Plétora a miles de kilómetros del lugar que la vio nacer? No estábamos seguros. Lo consideraríamos si de verdad valía la pena para mejorar y crecer. Pero la duda estaba ahí, y era legítima.
No llegamos a resolverla.
En mayo nos dijeron que no. No avanzamos a la siguiente ronda.
¿Y saben qué? No pasa nada. Aunque suene raro, respiré. Porque HICOOL prioriza escalamiento acelerado, tracción masiva y retornos exponenciales. Plétora es otra cosa: sostenibilidad, comunidad, economía del cuidado. No encajamos en su molde. Es un modelo que no se mide en unicornios, sino en personas que siguen construyendo.
No nos descartaron. Nos evaluaron con criterios que no eran los nuestros. Y eso, más que un no, es información.
Ganamos un pitch deck profesional en chino mandarín, un modelo de negocio documentado, claridad para explicar Plétora en formato concurso, el contacto con un ecosistema global que ya sabe que existimos. Y un cambio de piel: dejamos de presentarnos como casa de cultura digital para asumirnos como lo que somos ahora, un estudio de medios. Porque crecimos, porque el proyecto mutó. Porque la soberanía digital no se queda quieta.
Lo que sigue intacto: nuestra comunidad en México, Argentina, Colombia y Latinoamérica; el prototipo, la visión, el equipo.
Un concurso no nos define. La puerta existe. Nos vieron, nos llamaron.
Esto no fue un fracaso. Fue el primer peldaño en la arena global.

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