Mi voz ya había sido escuchada en la ONU, pero no valorada. Solo cotizada.
En representación de Plétora Network me invitaron a un foro en la ONU. Llamémoslo AIFOD. Ahí planteé nuestra postura: la soberanía digital no se compra ni se alquila, se construye desde el territorio.
Fui seleccionada. Luego no. Luego me dijeron «puedes intentarlo de nuevo si pagas una membresía».
Ahí lo entendí todo.
No era un espacio para construir soberanía digital. Era un mercado de acceso, un lugar donde la legitimidad se compra con una suscripción. Y yo, sentada mientras leía lo que decían, entendí que mi voz ya había sido escuchada, pero no valorada. Solo cotizada.
El reconocimiento institucional no es un premio al esfuerzo. Es una transacción.
Aprendí eso, y que hay muchos, pero muchísimos espacios que no están diseñados para quienes construyen desde el territorio, sino para quienes aceptan las reglas del juego.
Y no… No voy a pagar para que me escuchen en una mesa donde las reglas las pone quien vende los boletos. No voy a pagar para que me escuchen. Mientras ellos deciden quién merece hablar, yo voy a seguir construyendo para quienes ya me escuchan.
Nosotros ya estamos construyendo desde el territorio. Sin membresía ni credenciales. Sin esperar que un panel nos valide.
No me fui enojada. Me fui con claridad.
Plétora no necesita una credencial de Ginebra para existir. Ya existe. Y no va a pedir permiso.
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