Voz desde México

Nuestra voz llegó a una mesa donde normalmente no se sientan proyectos como el nuestro. No nos seleccionaron. Pero nos escucharon. Y lo que dijimos sigue vigente.

Hace unas semanas estuve en una mesa de un foro internacional, frente a un comité que evaluaba propuestas para la Cumbre de Ginebra 2026, en representación de Plétora. Me preguntaron sobre soberanía digital, dependencia tecnológica y el papel de las comunidades del Sur Global. El tema era: «¿Puede un país reclamar soberanía sobre su inteligencia artificial si su infraestructura depende de corporaciones extranjeras?«. Fue un discurso de 3 minutos completamente en inglés, que por varias razones no pudimos grabar, ni la conversación que hubo después.

Aún así, les comparto lo que dije:

«Buenas tardes. Mi respuesta es simple: no.

Si la infraestructura de la que depende tu comunidad puede ser re-preciada, restringida o retirada por alguien más, eso no es soberanía. Es dependencia con factura mensual.

En todo el Sur Global, la dependencia digital suele presentarse como innovación. Alquilamos servicios en la nube, plataformas de comunicación, modelos de inteligencia artificial e infraestructura digital que pertenecen a otros. Son útiles, pero no son nuestros.

La soberanía digital no se trata de rechazar la tecnología. Se trata de preservar la capacidad de tomar nuestras propias decisiones cuando las reglas cambian.

En Toluca, México, decidimos construir en lugar de solo consumir.

A través de Plétora Network, creamos una Casa de Cultura Digital Independiente respaldada por infraestructura comunitaria. Operamos nuestros propios servidores, radio, plataforma de video y espacios digitales. Nuestra sostenibilidad proviene de membresías voluntarias, donaciones y participación comunitaria, no de publicidad ni extracción de datos.

Esto no se trata de aislamiento. Seguimos colaborando con el internet más amplio. Pero invertimos deliberadamente en capacidad local para que nuestra comunidad mantenga el control sobre su infraestructura y su futuro.

Nuestra experiencia nos enseñó algo simple: la soberanía digital no se compra ni se alquila. Se construye colectivamente. Comunidad por comunidad. Servidor por servidor. Institución por institución.

Si queremos que la inteligencia artificial sirva a nuestras sociedades en lugar de solo servir a los mercados, entonces debemos invertir no solo en modelos, sino en comunidades capaces de gobernar su propia infraestructura digital.

La pregunta no es si las naciones pequeñas pueden permitirse la soberanía. La pregunta es si podemos permitirnos la dependencia permanente.

Gracias

No me seleccionaron. Pero me escucharon. Y ahí pasaron dos cosas que valen la pena contar:

La primera: el comité se incomodó. Hicieron preguntas técnicas, sobre costos, sobre fiabilidad, sobre tiempos de respuesta. Evitaron el fondo político. No querían hablar de poder, querían hablar de presupuestos. Porque cuando dices que la soberanía se construye desde el territorio, y no se negocia en una sala de Ginebra, el silencio se vuelve incómodo.

La segunda: semanas después (después de invitarnos, rechazarnos, y luego pedirnos ¿un pago por membresía?), AIFOD publicó notas que retomaban los temas del discurso. Soberanía digital, agencia de los pequeños actores, infraestructura comunitaria. Todo lo que habíamos planteado, sin una sola mención a Plétora. Sin crédito. Como si las ideas flotaran solas y no hubieran sido dichas por una voz desde México.

No me sorprende. Así funciona el juego: te escuchan, toman tus ideas, las pulen, las despojan de su origen y las presentan como propias. Pero no fuimos a Ginebra a pedir permiso. Vinimos a dejar registro.

Nuestra voz llegó a una mesa donde normalmente no se sientan proyectos como el nuestro. Eso ya es parte de la historia de Plétora. Y aunque no quieran nombrarnos, lo que dijimos sigue vigente. Sigue incomodando.

No me seleccionaron. Pero me escucharon.

Y eso, para un proyecto que construye desde el territorio, ya es ganancia.

Seguimos.


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