Ushi Ando es la prueba viviente de que el verdadero game over no tiene que ver con la edad.
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Con 100 años recién cumplidos, esta abuela de Fukushima no solo mantiene una rutina activa; lo hace con un control de Super Nintendo en la mano. Su consola clásica no es una reliquia en una vitrina, es su herramienta diaria de entrenamiento mental y físico. Y te aviso: si juegas con ella, no esperes que te deje ganar por cortesía.
Su historia con los videojuegos empezó tarde, a sus 70, pero con la determinación de una pro. Títulos como Tetris y Bomberman se convirtieron en sus aliados, y décadas después siguen siendo parte de su ritual. Lo mejor es que no juega en solitario. Sus partidas multijugador favoritas son con su bisnieto, y según los reportes, allí se libra una competencia sana pero feroz. Ella misma admite que no le gusta perder. Imaginate la escena: una centenaria y un niño, frente a la pantalla, en una batalla campal de bloques y bombas. Eso es crear recuerdos de otra categoría.
Movilidad, concentración y una razón para levantarse
Para Ushi, los videojuegos son mucho más que pasar el rato. Ella lo explica claro: no le gusta pasar el día acostada. Agarrar el control, mover los dedos con precisión y concentrarse para pasar cada nivel es, en sus propias palabras, una forma de ejercicio. Vive con su hija y maneja sus actividades cotidianas con independencia, y atribuye parte de esa energía y movilidad a sus sesiones de juego. Es su gimnasio cerebral y digital.
En Plétora Network, nos encantan estas historias que rompen el molde por completo. Ushi Ando no es una curiosidad; es un modelo. Demuestra que la pasión por el juego no caduca, que puede ser el puente perfecto entre generaciones y una estrategia legítima (y divertida) para mantenerse ágil. Mientras algunos debaten sobre los efectos de los videojuegos, ella, a sus 100 años, está demasiado ocupada alcanzando el siguiente nivel. Y todo apunta a que su partida va a ser larga, muy larga.