Tierra/Cuenca de Madres Solas: el sonido de la introspección
Hay discos que se graban en estudio y discos que se graban en el cuerpo. Tierra/Cuenca de Madres Solas, de Santino Beltramino, pertenece a los segundos. Grabado entre septiembre y octubre de 2020, en plena pandemia, en el estudio de Bora Becker en Escobar, el álbum es un ejercicio de introspección que no se disfraza de nada. Su título es críptico y poético a la vez: «Tierra» suena a algo sólido, pero «Cuenca de Madres Solas» parece un espacio geográfico o emocional muy específico. Santino lo explica sin rodeos: «Podría decirse que es en referencia a la cuenca del Paraná en este caso, aunque hay cientos de cuencas en nuestro mundo. Sin duda hace referencia a todas las mujeres que están solas con sus hijos. Un poco fue dedicado tanto a mis abuelas como a mis relaciones amorosas de esos tiempos.»
No es un título demagógico. No es un título empático. Es un título descriptivo. «Es un título meramente descriptivo de la realidad que sentía como el ecosistema donde nacieron las canciones que componen el disco.» Esa honestidad es la que atraviesa todo el álbum.
La pandemia destruyó emocionalmente a muchos. A Santino lo llevó a grabar. «Tomé la decisión de grabar el disco con mi querido amigo y compañero de ruta en un pequeño estudio que él tenía en el centro de Escobar.» Las sesiones fueron maravillosas, dice. «En la primera jornada metimos casi todas las tomas. Éramos él, unas cuantas cervezas, empanadas, una botella de buen whisky y yo. Al otro día nos despertamos con mucha sed.»
Esa anécdota resume el disco: despojado, directo, sin filtros. «Lo cierto es que estaba sonoramente resuelto en mi cabeza y pude sonar como hubiera querido que suene ‘Homónimo’, mi primer disco.» No hay búsqueda de perfección técnica; hay búsqueda de verdad. Y esa verdad se grabó en una sola jornada, con cervezas y empanadas de por medio.
La pieza instrumental que da nombre al disco —Tierra/Cuenca de Madres Solas— es el corazón del álbum. En ella, Santiago Calle toca la guitarra criolla y hace los arreglos. «Esa pieza instrumental me enorgullece mucho. Tal vez no existiría sin la influencia del arpa del Paraguay.» Santino no lo dice como un detalle anecdótico. Lo dice como una genealogía. «Pasé largas temporadas escuchando a conciencia y obsesivamente la obra del joven maestro Sixto Corbalán y también de su hermano Juanjo, ambos grandes arpistas contemporáneos que mantienen vivo el espíritu de su nación.»
Y sobre Calle: «Es un guitarrista tremendo que sumó arreglos y le dio tanto academia como frescura a la pieza. Aprovecho esto para decir que amaría reencontrarme con él. Su amor por la guitarra trasciende cualquier frivolidad que uno puede a veces vivir en este rubro.» No es un músico de sesión; es un cómplice. Y eso se escucha.
El disco está dedicado a Maradona. En 2020, su muerte fue un terremoto en Argentina. Santino lo cuenta sin edulcorar: «Cuando Maradona dejó este plano, el disco ya estaba grabado. Sin embargo fue un golpe muy grande, espiritualmente hablando. Toda mi vida me pregunté cómo iba a ser ese día, y finalmente llegó. Al otro día de su cumpleaños de 60, soñé que él moría. Ese mismo día lo internaron y a las dos semanas falleció.»
No quiere hablar livianamente de algo tan profundo. Pero habla. «Puedo decir que jamás lloré tanto en mi vida adulta. Pasé semanas llorando. Mi novia de ese entonces tuvo que contenerme como quien contiene a un niño desconsolado. Fue, es y será el más grande. Todos los pueblos oprimidos del mundo deberían adueñarse de su memoria y su espíritu.» La dedicatoria no es un gesto; es una necesidad.



Este es el disco que llevó a Santino a tocar en Islandia, España y Francia. ¿Cambió su forma de tocar estas canciones al ver cómo reaccionaban públicos tan lejanos? «La realidad es que me estimuló mucho el aplauso de gente tan distinta a lo que es un rioplatense.» Los shows de Islandia, sobre todo, sonaron increíble. «Me tocaron en ambos casos mujeres en el sonido y me dieron una pista sobre cómo quisiera manejarme siempre a nivel profesional.»
El resultado de estos shows también fue comenzar a redondear las canciones que luego formaron parte de Los Alternantes. «Ni bien puse un pie en Bordeaux, luego del primer tramo de la gira, la música empezó a fluir con una fuerza que sin dudas está ligada al cariño del público islandés.» El disco no solo viajó; abrió puertas.
Los medios describen su sonido como «entre folklórico y urbano, pero siempre orgánico y visceral». En un disco donde la guitarra de 12 cuerdas y la criolla son el esqueleto, ¿cómo evita que lo orgánico se vuelva un cliché de cantautor? «Supongo que tocar una guitarra de 12 cuerdas como lo que es (otro instrumento, distinto a la de 6) me ha dado la espontaneidad y la autenticidad que se requiere para ser fino y visceral al mismo tiempo. Detenerse a pensar, en muchos casos, no tiene sentido alguno. Uno tiene que hacer lo que quisiera ver como espectador, lo que quisiera sentir como oyente.» Ahí está la clave: no pensar demasiado. Sentir.
Comparando este disco con Los Alternantes (2026), que es más post-punk y eléctrico, parece que Tierra/Cuenca de Madres Solas fue un punto de máxima introspección antes de electrificar todo. ¿Fue un cierre de etapa o el laboratorio para lo que vino después? «Lo cierto es que nunca sé qué va a pasar. Tantas veces me sentí ilusionado, luego acabado y luego vuelto a ilusionar y acabado de nuevo y así sucesivamente, que me limito a hacer sin darle tanta vuelta. Como dice un gran amigo mío: uno, en el fondo, siempre sabe.»
No hay plan. Hay música. «No tengo dudas que, dentro de algún tiempo, habrá de nuevo un disco completamente en solitario con mi guitarra, una vez más. Como también habrá más música con banda dentro de poco. Las etapas viven comenzando y acabando, pero siempre queda la música.» Eso es todo.
Tierra/Cuenca de Madres Solas se puede escuchar sin saber nada de su producción. Pones el disco, suena, te conmueve. Funciona. Pero escucharlo sabiendo lo que ahora sabes —que se grabó en una sola jornada con cervezas y empanadas, que Santiago Calle aportó arreglos que le dieron academia y frescura a la pieza instrumental, que está dedicado a Maradona y que Santino pasó semanas llorando su muerte, que los shows en Islandia abrieron la puerta a Los Alternantes— cambia la experiencia. Ya no estás escuchando un disco de cantautor; estás escuchando un archivo de decisiones. Cada canción que suena ahora tiene un peso que antes no tenía. Cada silencio que se cuela entre las cuerdas ahora te recuerda que alguien decidió no llenarlo. Se puede disfrutar sin saber esto. Pero ahora que lo sabes, se disfruta distinto. Y mejor.
Santino Beltramino ya es parte del archivo de Plétora. En su momento publicamos «Santino Beltramino: el lujo de no vender en el supermercado del rock», una nota sobre su disco más reciente. Ahora volvemos con Tierra/Cuenca de Madres Solas, no como una repetición, sino como una profundización. En Plétora Network no reseñamos lo que sale todos los días; reseñamos lo que aguanta el paso del tiempo. Y este disco aguanta. No porque sea perfecto, sino porque es honesto. Y la honestidad, en los tiempos que corren, es un acto de resistencia. Críticos, sí. Positivos, siempre.
- 01.Polvorines⏵
- 02.Aficionado Involuntario⏵
- 03.Tierra/Cuenca de MadresSolas⏵
- 04.Del Espinel⏵
- 05.La Furia de Olivera⏵
- 06.Rhinella⏵
- 07.Llanto Jesuita⏵
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