Tex Tex: Cuarenta Años de Rock Ejidal Sin Pedirle Permiso a Nadie

Tex Tex y la terquedad de un barrio que nunca se vendió al mejor postor

Cuarenta años. En el rock mexicano, eso no es una carrera. Es un acto de terquedad. Tex Tex llegó en los años 80 desde Ixtenco, Tlaxcala, un lugar que no era precisamente el epicentro del rock nacional, con sombrero texano, historias de barrio y un sonido que las disqueras no entendían. Cuarenta años después, en 2026, «Los Muñecos» siguen en pie. Y mientras tanto, la industria sigue tratando de digerir qué chingados hacer con una banda que siempre ha sido demasiado auténtica para ser rentable. La respuesta, por si alguien todavía no la ha encontrado, es sencilla: no hacer nada. Tex Tex no necesita a la industria. La industria necesita entender que hay cosas que no se pueden domesticar.

La historia de Tex Tex es la historia de dos hermanos que dejaron todo por la música. Chucho estudiaba medicina, Lalo ingeniería. En 1986 dejaron las carreras y empezaron a tocar en Rockotitlán con Botellita de Jerez. Grabaron su primer demo, El toque mágico, lo ofrecieron a todas las disqueras y recibieron puertas en la cara hasta que Discos GAS les dio una oportunidad. No porque creyeran en ellos, sino porque el rock urbano ya empezaba a moverse y necesitaban llenar espacios. Ese es el primer síntoma de lo que vendría: Tex Tex no fue un proyecto diseñado para el éxito. Fue un proyecto que se abrió paso a golpes, sin padrinos, sin playlists curadas, sin la maquinaria de la industria detrás. Su verdadero poder nunca estuvo en los reflectores, sino en las tocadas. Mientras otras bandas buscaban el hit radial, ellos construían su imperio en el Centro Cívico de Ecatepec, el Teatro Isabela Corona y cualquier lugar donde hubiera gente dispuesta a escuchar historias de la calle.

Y ahí está la clave. «Yo nací en un barrio pobre» no era un gimmick. Era un documento. El público lo entendió antes que los programadores de radio. Tex Tex no cantaba sobre el barrio desde afuera, con la distancia del observador. Cantaba desde adentro, con la autoridad de quien ha vivido lo que narra. Eso es el rock ejidal: una fusión donde el rock converge de manera natural con el country, el blues y los corridos, pero donde lo que realmente importa no es el género, sino la verdad. El sistema siempre los trató como el primo incómodo: te invitamos a la fiesta, pero no te sientes en la mesa principal. Pasaron por BMG Ariola cuando las trasnacionales aún veían oportunidad en el rock nacional. Grabaron discos con producción internacional, mezclas en Londres, todo el show. Pero cuando la disquera dejó de verles utilidad, Tex Tex hizo lo que cualquier banda con dignidad haría: mandarlos al carajo y grabar de manera independiente.

Metrópolis Discos nació de esa necesidad. Porque si el sistema no te da cancha, te la construyes. Los muñecos desenchufados y De dónde somos y a dónde vamos no solo fueron discos, fueron declaraciones de independencia. Y mientras la industria se preguntaba cómo monetizar el streaming, Tex Tex seguía llenando el Zócalo con 50,000 personas. Y luego con 110,000 junto a El Tri. La lección aquí es clara: el público siempre responde cuando la banda es genuina, aunque los algoritmos no sepan cómo clasificarlos. Porque hay algo que el algoritmo no puede medir: la lealtad. Y Tex Tex ha construido una lealtad que atraviesa generaciones. No es nostalgia. Es memoria viva.

Uno de los momentos más críticos en la historia de la banda fue la partida de Lalo Tex en 2016. Perder al vocalista y guitarrista fundador habría sepultado a cualquier banda. Pero «Los Muñecos» encontraron en Lalito Tex la continuidad natural del legado. No hubo drama mediático ni declaraciones lacrimógenas en redes. Simplemente, el rock siguió sonando. La transición fue orgánica porque el sonido de Tex Tex nunca dependió de una sola persona, sino de una identidad colectiva: el rock ejidal, el barrio, la resistencia. Chucho Tex lo dijo con claridad: «En 1986 dejamos todo y empezamos el proyecto de la banda Tex Tex«. Cuarenta años después, ese proyecto sigue vivo, no porque alguien lo haya rescatado, sino porque nunca dejó de ser necesario.

El nuevo material que están preparando, titulado Sigo de Rocker, no es solo un disco. Es una respuesta a quienes creen que el rock en México está muerto o que solo vive en festivales patrocinados por cerveceras. Tex Tex sabe que su música no necesita validación de curadores ni playlists de Spotify. Su público está en los estados, en las tocadas de pueblo, en la memoria de quienes crecieron escuchando «El toque mágico» y ahora llevan a sus hijos a los conciertos. Y en Plétora Music, su música tiene un espacio donde no se consume, se dialoga. Porque Tex Tex no es un producto de temporada. Es un archivo vivo de México, un testimonio de que la música puede salir del barrio y seguir siendo del barrio pobre sin pedir permiso.

La celebración de los 40 años en La Maraka, el pasado 16 de julio, no fue un evento más. Fue un recordatorio de que el rock mexicano sigue vivo no gracias a las instituciones, sino a pesar de ellas. El show duró más de tres horas, pero el tiempo no se sintió lineal. Fue una ceremonia colectiva donde se mezclaron los himnos del rock urbano, las historias de carretera, los recuerdos de Lalo Tex, la voz firme de Chucho Tex y la energía de un público que no vino a ver un espectáculo, sino a acompañar a su propia historia. No hubo VIP. No hubo zona preferente. No hubo distancia entre escenario y público. Todo fue horizontal, como siempre ha sido en el rock ejidal. Porque Tex Tex no celebra 40 años de carrera. Celebra 40 años de seguir siendo del barrio, sin traicionarlo, sin suavizarlo, sin convertirlo en mercancía.

P L É T O R A · P L A Y L I S T
Tex Tex – Te Vas A Acordar De Mí
  • 01.Solicito Seguro
  • 02.Ni una Más
  • 03.Te vas a acordar de mí
  • 04.Me dijiste
  • 05.Flor de Mayo
  • 06.Vestido Blanco
  • 07.No hay trabajo
  • 08.La Pesadilla
  • 09.El Hijo desobediente (Policía Judicial)
  • 10.Serpientes y Escaleras
  • 11.La niebla
  • 12.Hogar Dulce Hogar
  • 13.Mexicanos

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