Izquierda vs derecha: no es pleito de equipos, es decidir si la sociedad se construye entre todos o cada quien por su cuenta
Otros contenidos de interés
🚫 Plétora no tolera la discriminación Principio fundamental e innegociable de la casa
En Plétora Network no permitimos contenido que promueva discriminación, odio o violencia. Somos una casa de cultura donde todas las personas son bienvenidas sin excepción. El respeto a la dignidad de cada persona es la base de todo lo que hacemos.
Protegemos a todos contra cualquier forma de acoso, exclusión o violencia simbólica, sin importar su identidad de género, origen, orientación sexual, creencias, capacidades, edad, clase social, apariencia, salud, estructura familiar o nivel educativo.
No toleramos discurso de odio, bullying, estereotipos degradantes ni ningún acto que niegue la dignidad humana.
Nos comprometemos a mantener un entorno de respeto y cuidado, actuar con justicia ante las denuncias y ser un espacio donde todas las voces sean escuchadas.
“La cultura florece en ambientes de respeto, diversidad y cuidado mutuo.” — Tori, la brújula de la casa
Aquí no eres un número. Eres parte de la tripulación.
¿Dudas o necesitas ayuda? Escríbenos a weare@pletnet.io. Estamos contigo.
Izquierda y derecha. Las dos palabras más usadas y menos entendidas en la política mexicana. No son etiquetas para ponerle a un partido y ya. Son dos formas completamente distintas de entender la vida en sociedad. Y la diferencia fundamental, la que lo explica todo, es esta: la izquierda piensa en comunidad, la derecha piensa en individuo. Todo lo demás son consecuencias de esa decisión de fondo.
Cuando alguien se dice de izquierda, está diciendo que los problemas colectivos requieren soluciones colectivas. Que la salud, la educación, la vivienda, las pensiones y el trabajo digno no deberían depender de cuánto dinero tenga cada quien, sino de la decisión de la sociedad entera (a través del estado) de garantizarlos. Por eso la izquierda defiende los impuestos progresivos: que pague más el que más tiene, para que el que menos tiene pueda vivir con dignidad. No es envidia, es justicia básica.
Cuando alguien se dice de derecha, está diciendo que cada persona es responsable de su propio destino. Que el mercado, la competencia y el esfuerzo individual son los mejores mecanismos para organizar la sociedad. Por eso la derecha defiende bajos impuestos (sobre todo para las empresas y las grandes fortunas), porque considera que el estado es ineficiente y que el dinero rinde más en manos privadas. Suena bonito en el discurso: «si te esfuerzas, triunfas». Pero la pregunta que nunca contestan es: ¿y el que se esfuerza igual pero nació en una colonia marginada, sin escuela ni servicios de salud?

El problema del discurso de la derecha: no es odio, es indiferencia estructural
Aquí hay que ser claros. Una persona de derecha no amanece pensando «cómo joder a los pobres». Pero su discurso, sus propuestas y sus políticas nunca están diseñadas en favor de los que menos tienen. Siempre están diseñadas en favor del mercado, de la iniciativa privada, del «mérito individual». Eso, en la práctica, significa que quien ya tiene dinero, contactos o propiedades, tiene muchísimas más oportunidades de triunfar que quien empieza desde cero.
La derecha dice: «los impuestos altos matan la inversión». Traducción: las grandes empresas quieren pagar menos impuestos, y si el gobierno les cobra mucho, amenazan con irse o con no generar empleos. El problema es que cuando se bajan impuestos a los ricos y a las empresas, el estado deja de recibir dinero para construir hospitales, escuelas o dar pensiones. Y entonces la solución de la derecha es: «que la iniciativa privada se encargue». Pero una escuela privada cuesta. Un hospital privado cuesta. Una pensión privada requiere ahorros que un trabajador de salario mínimo jamás podrá acumular. Entonces, ¿qué queda para la mayoría? Lo mínimo, lo precario, o directamente nada.
No es que odien a los pobres. Es que su sistema no los toma en cuenta. El pobre no es su prioridad ni su preocupación. Su prioridad es que el mercado funcione, que las empresas tengan ganancias, que los inversionistas estén contentos. Si de paso los pobres mejoran su situación gracias al «derrame» de la riqueza (una teoría que lleva décadas demostrándose falsa), pues qué bonito. Pero si no, no es su problema.

La izquierda es comunidad: significa que nadie se salva solo
La izquierda parte de una constatación: naciste donde naciste, con los recursos que tienes, y eso no es tu culpa. Pero la sociedad sí tiene la obligación de nivelar el piso para que puedas desarrollarte. Por eso la izquierda defiende la educación pública gratuita y de calidad: porque un niño rico y un niño pobre merecen las mismas oportunidades. Por eso defiende la salud pública universal: porque una apendicitis no debería dejar a una familia en la ruina. Por eso defiende las pensiones no contributivas (como la Pensión para Adultos Mayores): porque una persona que trabajó toda su vida en la informalidad no debería morir de hambre en la vejez.
La izquierda no cree que el esfuerzo individual sea inútil. Cree que el esfuerzo individual, sin condiciones mínimas de dignidad, es una trampa. Puedes esforzarte todo lo que quieras, pero si no tienes para comer, si tu escuela es un desastre, si no hay transporte público para llegar al trabajo, tu esfuerzo choca contra un techo de cristal que no romperás solo. Por eso la acción colectiva, el estado, los impuestos y la organización comunitaria son herramientas para romper ese techo.
En las carpas de Puro Pueblo, lo vemos todos los días. Doña María no es de izquierda ni de derecha. Ella solo sabe que antes de la Pensión Bienestar, no comía bien. Y ahora sí. Eso es izquierda aplicada: un programa que nace de la decisión de la sociedad entera (vía impuestos y vía voluntad política) de garantizar un ingreso mínimo a los adultos mayores. La derecha, en general, ha criticado esos programas porque «son clientelares» o porque «fomentan la flojera». Nunca porque la gente coma mejor. Ese es el punto.

Consecuencias prácticas: ¿qué significa esto para tu voto?
No se trata de odiar a nadie ni de creerse dueño de la verdad moral. Se trata de entender que cuando un candidato dice «vamos a bajar impuestos», en la práctica eso significa menos dinero para salud y educación. Cuando dice «el estado debe reducirse», significa despedir burócratas (que suelen ser trabajadores de clase media) y dejar servicios en manos privadas. Cuando dice «cada quien es responsable de su éxito», está diciendo que el que fracasa es por flojo.
La izquierda no es perfecta. Ha tenido gobiernos corruptos, paternalistas o ineficientes. Pero su brújula apunta en una dirección distinta: hacia abajo, hacia los que menos tienen. La derecha también ha tenido gobiernos eficientes y honestos, pero su brújula apunta hacia el mercado, hacia las empresas, hacia los que ya tienen.
Al final, izquierda vs derecha no es una cuestión de personalidades ni de partidos. Es una cuestión de prioridades. Cuando estés frente a una urna, pregúntate: ¿esta propuesta beneficia a los de abajo o a los de arriba? ¿Está pensada para la comunidad o para el individuo con recursos? ¿Va a reducir la desigualdad o a aumentarla? No necesitas una etiqueta. Necesitas esa pregunta.
Descubre más desde Plétora Network
Suscríbete y recibe las últimas entradas en tu correo electrónico.