PILARES: infraestructura cultural para la soberanía social
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PILARES como resistencia territorial frente al modelo extractivista
En un país donde la política social ha sido históricamente administrada desde la lógica del asistencialismo o la tecnocracia, el modelo PILARES emerge como una infraestructura cultural de resistencia. No se trata de centros comunitarios decorativos ni de espacios para la contención simbólica: PILARES propone una arquitectura del cuidado, del saber libre y del encuentro sin vigilancia. Claudia Sheinbaum lo impulsó en la Ciudad de México como una apuesta por la autonomía pedagógica, el acceso sin cuotas y la formación integral en territorios históricamente marginados.
Ahora, con Sheinbaum en la presidencia, el modelo comienza a expandirse. En Baja California, el DIF estatal ha transformado 25 centros comunitarios siguiendo los cinco ejes de PILARES: educación, cultura, salud, deporte y economía. Esta réplica no es anecdótica: marca el inicio de una disputa por el sentido de lo público, donde el Estado deja de ser gestor de servicios y se convierte en garante de espacios vivos, sin algoritmos ni filtros de clase. En Plétora, entendemos la cultura como herramienta de resistencia, y PILARES encarna esa visión.
Más allá de la infraestructura, lo que está en juego es el derecho a imaginar desde lo colectivo. PILARES no es una política de entretenimiento ni una estrategia de marketing gubernamental. Es una respuesta territorial al vaciamiento neoliberal, una forma de devolverle a las comunidades el poder de narrarse, formarse y cuidarse sin intermediarios. En Oaxaca y Veracruz, redes de casas de cultura comienzan a alinearse con esta lógica, aunque sin adoptar el nombre. Lo que emerge es una tendencia nacional hacia la construcción de espacios comunitarios que resisten desde la práctica cotidiana.
PILARES como horizonte político para la cultura libre
La expansión de PILARES no puede leerse como una simple continuidad de la 4T. Si bien Sheinbaum hereda el legado de López Obrador, su apuesta por PILARES implica una reconfiguración del vínculo entre Estado y comunidad. No se trata de administrar lo existente, sino de crear nuevas formas de estar juntas, de aprender sin jerarquías, de producir cultura sin permiso. En este sentido, PILARES puede convertirse en el modelo más radical de política cultural en décadas, si se sostiene desde la autonomía, la escucha y la pluralidad.
Pero el riesgo es real: si PILARES se burocratiza, si se convierte en cuota política o en simulacro institucional, perderá su potencia transformadora. Por eso, el desafío no es solo de ejecución, sino de imaginación política. ¿Puede el Estado sostener espacios sin vigilancia? ¿Puede la cultura pública ser libre de algoritmos, cuotas y censura? En Plétora Network, esta pregunta guía nuestra práctica editorial, y PILARES aparece como una respuesta situada, imperfecta, pero profundamente necesaria.
La cultura no se distribuye: se construye. Y PILARES, si se defiende desde abajo, puede ser el cimiento de un país que no solo educa, sino que cuida, escucha y transforma. Este artículo forma parte del espacio para el pensamiento crítico en Plétora Network, donde la política cultural no se negocia: se vive.
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