Guerra civil en Manjaro: el equipo acusa a la empresa de secuestrar el proyecto y amenaza con bifurcarlo. 19 miembros firman manifiesto exigiendo una asociación sin ánimo de lucro. El líder, Philip Müller, calla y amenaza con acciones legales. #Manjaro #Linux #OpenSourceDrama

Manjaro se desangra: el equipo se declara en huelga y amenaza con bifurcar el proyecto

Manjaro enfrenta su crisis más profunda mientras 19 miembros del equipo firman un manifiesto exigiendo separarse de la empresa matriz y reestructurarse como organización sin ánimo de lucro.

La fachada de estabilidad en el mundo del código abierto acaba de resquebrajarse. Manjaro Linux, esa distribución basada en Arch que durante años vendió la idea de ser Linux para humanos sin sacrificar potencia, está en el ojo del huracán. Y no por un bug en el kernel o un paquete roto, sino por la vieja y conocida historia de siempre: dinero, control y egos. Un grupo significativo del equipo de desarrollo, incluyendo programadores, community managers y el propio director técnico de la compañía, ha firmado un manifiesto que no es una simple lista de deseos, sino una declaración de guerra. Exigen que el proyecto Manjaro se escinda de Manjaro GmbH & Co KG y se reestructure como una asociación sin ánimo de lucro registrada en Alemania. Si no, adiós, nos llevamos el código y hacemos nuestro propio camino.

El manifiesto, publicado por un desarrollador conocido como «Aragorn» en el foro oficial de Manjaro, no se anda con rodeos. El diagnóstico inicial es demoledor: el proyecto lleva una década en declive. Ha perdido la confianza de los usuarios, ha visto cómo sus contribuidores huían en estampida y se ha convertido en el hazmerreír de la comunidad por repetir los mismos errores una y otra vez sin intentar siquiera solucionarlos. El ejemplo más sangrante que citan es la recurrente incapacidad para mantener actualizados los certificados TLS, algo que los voluntarios ya habían automatizado con herramientas propias, pero que la dirección ignoró sistemáticamente. No es un fallo técnico; es una muestra de desprecio institucionalizado hacia quien pone el trabajo gratuito.

Detrás de la cortina de humo del código abierto, lo que el manifiesto destapa es una estructura feudal. Según denuncian los firmantes, Philip Müller, el líder del proyecto, ha estado dirigiendo Manjaro como si fuera su cortijo particular. El acceso al código base y a la infraestructura crítica ha estado bajo llave, con Müller como único propietario de las decisiones. Y aquí viene lo jugoso: mientras los voluntarios ponen el trabajo, la empresa Manjaro GmbH & Co KG ha estado gestionando los fondos sin que estos retornen al proyecto. La prioridad del liderazgo actual, según el documento, no es la salud de la comunidad, sino convertir Manjaro en un negocio exitoso. Hasta ahora, sin éxito.

El plan que proponen los rebeldes es quirúrgico. Quieren crear una nueva entidad, una asociación sin ánimo de lucro (e.V. en alemán) que tome las riendas del proyecto. Esta asociación tendría propiedad compartida entre sus miembros, votaciones transparentes para decisiones clave y «árbitros» elegidos entre los contribuyentes veteranos para supervisar áreas específicas. Los activos principales —el GitHub, la instancia de GitLab, el foro, la CDN y el dominio manjaro.org pasarían a manos de la asociación. La empresa podría seguir usando la marca hasta 2029, siempre que no haya conflictos. Y aquí el detalle que delata las intenciones a largo plazo: el manifiesto sugiere que, pasado ese periodo, la compañía transfiera la propiedad total de la marca a la asociación por el simbólico precio de un euro.

La respuesta de Philip Müller, cuando finalmente rompió el silencio, fue la típica de quien sabe que el castillo de naipes tiembla pero no quiere soltar la baraja. Dijo que no tiene objeciones personales a que se forme una asociación, pero que él no participará en el proceso. Y acto seguido, la amenaza velada: cualquier transferencia de activos tendrá que negociarse en términos que beneficien a la empresa, y las declaraciones públicas que dañen su negocio o su reputación podrían tener consecuencias legales. Traducción: «Si hablan, los demandamos«. Los firmantes respondieron con calma quirúrgica, señalando que el manifiesto ya contempla que la empresa siga usando la infraestructura el tiempo necesario para migrar sus operaciones.

Lo más revelador llegó cuando Roman Gilg, que firmó el manifiesto a pesar de ser el CTO de la empresa, preguntó directamente a Müller si tenía alguna objeción concreta a la lista de activos propuesta. Silencio. Días de silencio. Los desarrolladores interpretaron la falta de respuesta como una maniobra dilatoria y decidieron saltarse directamente a la fase 3 del conflicto: hacer público el manifiesto en la sección de anuncios del foro y archivarlo en archive.org para que no pudiera desaparecer. La huelga es ahora un hecho público y el futuro de Manjaro pende de un hilo. Desde Plétora Network seguiremos de cerca cómo evoluciona esta guerra civil digital que, más allá de una distro, refleja la tensión irresoluble entre el voluntariado comunitario y la lógica empresarial en el corazón del software libre.

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