Recordar no es repetir consignas, es entender qué se pedía y qué sigue pendiente
Hoy es una fecha difícil. «2 de octubre no se olvida», decimos cada año. Pero seamos honestos: muchas veces repetimos la frase sin saber realmente qué se pedía, quiénes lo pedían y por qué. No olvidamos, pero tampoco conocemos. Y lo que no se conoce, difícilmente se defiende.
Los estudiantes del movimiento del 68 no luchaban por una sola causa. Empezaron reaccionando a la represión policial, pero rápidamente el movimiento se convirtió en una demanda más amplia de libertades democráticas, autonomía universitaria, fin de la represión y apertura política.
Su principal programa quedó resumido en el pliego petitorio de seis puntos del Consejo Nacional de Huelga: libertad para los presos políticos, destitución de los jefes policiacos responsables de la represión, desaparición del Cuerpo de Granaderos, derogación de los artículos 145 y 145 bis del Código Penal (el delito de «disolución social«), indemnización a los familiares de muertos y heridos, y deslinde de responsabilidades por los actos represivos.
¿Qué se logró? Aunque la masacre de Tlatelolco y la represión impidieron una victoria inmediata, varias de sus demandas influyeron en el México posterior. Se derogó el delito de disolución social. Se ampliaron gradualmente las libertades políticas y de expresión. Surgieron movimientos ciudadanos, universitarios y de derechos humanos inspirados por el 68. Con el tiempo, México avanzó hacia un sistema político más plural y competitivo que el del régimen de partido casi único de aquella época.
¿Qué quedó pendiente? Casi todo lo demás. La impunidad de la violencia estatal nunca quedó completamente resuelta. La desigualdad social que criticaban sigue presente. La vigilancia y criminalización de la protesta no desaparecieron. La participación real de los jóvenes en las decisiones públicas sigue siendo una demanda recurrente.
En el fondo, ¿qué defendían? Si hubiera que resumirlo en una frase: que el gobierno escuchara a los ciudadanos sin responder con violencia, y que la democracia fuera una realidad y no solo un discurso. Por eso el 2 de octubre se recuerda no solo como una tragedia, sino como un momento que cambió la conciencia política de México.
Entonces, ¿será que no se olvida? Quizá no se olvida, pero tampoco se recuerda del todo. Porque no se olvida lo que se conoce. Y lo que desconocemos, aunque lo repitamos cada año, se va diluyendo hasta volverse consigna vacía. Hoy la invitación no es a repetir la frase, sino a entenderla. A leer, a preguntar, a saber qué pedían y qué sigue pendiente. Porque recordar de verdad es la única forma de no olvidar.

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