Tex Tex cumple 40 años de puro rock nacional, sin pedirle permiso al sistema. Concierto 16 de julio en La Maraka, entradas desde $520. La resistencia sigue sonando, y no piensa parar.

Tex Tex: 40 años de rock y resistencia en el mismo barrio pobre

Tex Tex celebra 40 años de carrera, pero el sistema sigue sin entender que el rock ejidal no pide permiso

Cuando una banda sobrevive cuatro décadas en el rock mexicano sin venderse al mainstream ni pedirle permiso a nadie, no es casualidad. Es terquedad. Tex Tex llegó en los años 80 con sombrero texano, historias de barrio y un sonido que ni las disqueras entendían. Ahora, en pleno 2026, «Los Muñecos» siguen en pie, celebrando 40 años de carrera con un concierto en La Maraka el 16 de julio. Y mientras tanto, la industria sigue tratando de digerir qué chingados hacer con una banda que siempre ha sido demasiado auténtica para ser rentable.

Los inicios fueron todo menos glamurosos. Ixtenco, Tlaxcala, no era precisamente el epicentro del rock nacional en los 80. Pero ahí estaban los hermanos Mujica, dejando trabajos de control de calidad y apostándole a la guitarra. Grabaron su primer demo, El toque mágico, lo ofrecieron a todas las disqueras y recibieron puertas en la cara hasta que Discos GAS les dio una oportunidad. No porque creyeran en ellos, sino porque el rock urbano ya empezaba a moverse en Rockotitlán y necesitaban llenar espacios.

El verdadero poder de Tex Tex nunca estuvo en los reflectores, sino en las tocadas. Mientras otras bandas buscaban el hit radial, ellos construían su imperio en el Centro Cívico de Ecatepec, el Teatro Isabela Corona y cualquier lugar donde hubiera gente dispuesta a escuchar historias de la calle. «Yo nací en un barrio pobre» no era un gimmick, era un documento. Y el público lo entendió antes que los programadores de radio. Así funciona el rock cuando no le pides permiso a nadie.

La trayectoria de la banda es también un reflejo de cómo el rock mexicano ha sobrevivido a los vaivenes del sistema. Pasaron por BMG Ariola cuando las trasnacionales aún veían oportunidad en el rock nacional, grabaron discos con producción internacional, mezclas en Londres y todo el show. Pero el sistema siempre los trató como el primo incómodo: te invitamos a la fiesta, pero no te sientes en la mesa principal. Cuando la disquera dejó de verles utilidad, Tex Tex hizo lo que cualquier banda con dignidad haría: mandarlos al carajo y grabar de manera independiente.

Metrópolis Discos nació de esa necesidad. Porque si el sistema no te da cancha, te la construyes. Los muñecos desenchufados y De dónde somos y a dónde vamos no solo fueron discos, fueron declaraciones de independencia. Y mientras la industria se preguntaba cómo monetizar el streaming, Tex Tex seguía llenando el Zócalo con 50,000 personas. Y luego con 110,000 junto a El Tri. La lección aquí es clara: el público siempre responde cuando la banda es genuina, aunque los algoritmos no sepan cómo clasificarlos.

El legado no se hereda, se madrea

Uno de los momentos más críticos en la historia de Tex Tex fue la partida de Lalo Tex en 2016. Perder al vocalista y guitarrista fundador habría sepultado a cualquier banda. Pero «Los Muñecos» encontraron en Lalito Tex la continuidad natural del legado. No hubo drama mediático ni declaraciones lacrimógenas en redes. Simplemente, el rock siguió sonando. La transición fue orgánica porque el sonido de Tex Tex nunca dependió de una sola persona, sino de una identidad colectiva: el rock ejidal, el barrio, la resistencia.

Sigo de rocker no es un álbum, es un manifiesto

El nuevo material que están preparando, titulado Sigo de Rocker, no es solo un disco. Es una respuesta a quienes creen que el rock en México está muerto o que solo vive en festivales patrocinados por cerveceras. Tex Tex sabe que su música no necesita validación de curadores ni playlists de Spotify. Su público está en los estados, en las tocadas de pueblo, en la memoria de quienes crecieron escuchando «El toque mágico» y ahora llevan a sus hijos a los conciertos.

La celebración de los 40 años en La Maraka no es un evento más. Es un recordatorio de que el rock mexicano sigue vivo no gracias a las instituciones, sino a pesar de ellas. Boletos desde 520 hasta 936 pesos, un precio real para una banda que nunca se cobró de más ni se vendió de menos. No hay VIP con meet & greet ni experiencias premium. Solo rock, sudor y la certeza de que cuatro décadas después, Tex Tex sigue siendo la misma banda que empezó en Ixtenco sin más armas que una guitarra y la convicción de que su historia valía la pena contarse.

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