Por qué un niño de Latinoamérica se conecta más con un personaje de ficción que con su propia comunidad.
Sin lugar a dudas he reflexionado sobre cómo, a veces, solo somos lo que quieren que seamos. Nos dicen, por ejemplo, que un grupo de personas es nuestra familia. Pero nunca sabemos qué conlleva eso. Qué responsabilidades. Qué obligaciones. Y ahí es donde creo que se pierde mucho. Porque mientras no llenemos esos huecos, todo queda abierto. Y es ahí donde un niño de cualquier parte de nuestra América Latina se siente más conectado con un personaje de Stranger Things que con las personas que tiene al lado. No encuentra con quién sentirse conectado. No lo halla. Y eso es lo que debemos superar.
Porque el problema no es que el arte no sea cultura. El arte es cultura. Pero la cultura no necesariamente es arte. La cultura es también cómo nos saludamos, cómo nos organizamos, cómo entendemos el trabajo, la familia, la comunidad, el poder. Es lo que heredamos sin darnos cuenta y lo que repetimos sin cuestionar. Y si no entendemos los porqués de nuestro entorno, si no entendemos por qué somos como somos, nunca podremos quitarnos el yugo casi esclavizante de un imperialismo voraz.
Ese yugo no siempre se ve. A veces se disfraza de entretenimiento. A veces de costumbre. A veces de sentido común. Y mientras no llenemos los huecos de identidad con algo propio, con algo nuestro, alguien más los llenará por nosotros. Con sus personajes, sus narrativas, sus intereses.
Por eso esta casa no es solo un archivo de películas o música. Es un espacio para preguntarnos quiénes somos, de dónde venimos y qué queremos construir. Porque la única forma de dejar de ser lo que otros quieren que seamos es entendernos a nosotros mismos. Y eso no se aprende en una plataforma. Se aprende en comunidad.

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