Bajan los homicidios, sube el miedo. La paradoja Sheinbaum no es culpa de ella, sino de una sociedad que ya decidió creerle más al WhatsApp que a los datos. El caso del «Memcho» lo dejó claro: preferimos el caos a la posibilidad de que las cosas mejoren. ¿Y si el problema no es el gobierno, sino nosotros?