Meta cierra Horizon Worlds y abandona gradualmente su apuesta por el metaverso tras acumular pérdidas que superan el PIB de países enteros, mientras la atención se desplaza hacia la inteligencia artificial.
Otros contenidos de interés
🚫 Plétora no tolera la discriminación
En Plétora Network no se permite ningún contenido que promueva discriminación, odio o violencia por motivos de género, raza, orientación, origen, creencias o identidad. La libertad sin respeto no es libertad.
Cuando Mark Zuckerberg cambió el nombre de Facebook a Meta en 2021, lo vendió como «la próxima frontera» de la humanidad. Cuatro años y medio después, esa frontera resulta que era un precipicio financiero sin fondo. Meta acaba de anunciar el cierre de Horizon Worlds, su plataforma social de realidad virtual, que desaparecerá por completo de los cascos Quest el 15 de junio. La app dejará de estar disponible en la tienda a finales de marzo y sobrevivirá solo como una aplicación móvil reconvertida para competir con Roblox y Fortnite. Así, sin estridencias, se desinfla el globo más caro de la historia reciente de la tecnología.
Las cifras son para marear a cualquiera. Reality Labs, la división de Meta encargada del metaverso y la realidad virtual, ha acumulado pérdidas por casi 80 mil millones de dólares desde 2020. Solo en el último trimestre del año pasado, perdió más de 6 mil millones. Ochenta mil millones de dólares es una cantidad abstracta, así que pongámosla en perspectiva: es más que el PIB de países como Costa Rica, Panamá o Uruguay. Es el dinero que podrían haber usado para financiar sistemas de salud enteros, infraestructuras o investigación científica. Pero no, se fue en un mundo virtual donde los avatares no tenían piernas y nadie quería pasar el rato.

La doble vara de medir del capitalismo tecnológico
Y aquí es donde la cosa se pone interesante, o irritante, según se mire. Meta puede permitirse perder 80 mil millones en un experimento fallido y lo único que pasa es que cambia su discurso y empieza a hablar de inteligencia artificial. Las acciones se recuperan, los inversores aplauden y Zuck sigue en su trono. Mientras tanto, en el ecosistema tecnológico, las startups y los proyectos independientes que no generan beneficios inmediatos son crucificados. Si una pequeña empresa de videojuegos no da dividendos en dos años, los inversores retiran el dinero y adiós muy buenas. Si un desarrollador independiente no consigue financiación para su idea, se queda en el camino.
La diferencia es simple: las grandes tecnológicas tienen un colchón que les permite fracasar a lo grande sin que nadie les pida cuentas de verdad. Los fondos de inversión siguen confiando porque saben que, aunque el metaverso haya sido un desastre, el negocio principal de Meta (anuncios, Instagram, WhatsApp) sigue generando dinero como si no hubiera un mañana. Pero el mensaje que se manda al resto del sector es perverso: solo los gigantes pueden darse el lujo de soñar despiertos. Los pequeños tienen que ser rentables ayer.
La inteligencia artificial, el nuevo juguete
Lo que realmente cambió las prioridades de Meta fue la llegada de ChatGPT a finales de 2022. De repente, la inteligencia artificial se convirtió en el tema del momento y Zuckerberg pivotó su mensaje público con una velocidad pasmosa. Resulta que Meta tenía una división de investigación en IA liderada por Yann LeCun, así que no partía de cero. Los ingresos por publicidad mejoraron, las acciones se recuperaron y para 2024 la compañía había triplicado su valor desde los mínimos de 2022. El metaverso, mientras tanto, seguía ardiendo.
En enero, Meta despidió al 10% de Reality Labs, unas 1.500 personas, y cerró varios estudios de videojuegos de realidad virtual. Supernatural, una app de fitness por la que pagaron 400 millones de dólares en 2021, dejó de producir contenido nuevo y se apagó sin hacer ruido. Pero ojo, la compañía asegura que no abandona del todo la VR. Dicen que duplican su apuesta por el ecosistema de desarrolladores mientras mueven Horizon Worlds al móvil. Nuevos cascos Quest están en camino. Y las gafas Ray-Ban con inteligencia artificial han sido un éxito inesperado: las ventas se triplicaron el año pasado.
El símbolo de un fracaso
Pero Horizon Worlds era diferente. Era el buque insignia, el producto que justificaba el nuevo nombre de la empresa, el lugar donde Zuckerberg apareció con un avatar sin piernas y se convirtió en meme internacional. Su cierre es más que una decisión de producto: es el reconocimiento tácito de que la visión del metaverso como el futuro de internet era, en el mejor de los casos, prematura. En el peor, directamente una fantasía de ingenieros sociales que creían poder diseñar la próxima evolución de la humanidad desde una sala de juntas en Menlo Park.
Desde Plétora Network observamos este desenlace con la mezcla exacta de asombro y escepticismo que merece. Porque mientras Meta entierra su error multimillonario, cientos de proyectos pequeños cierran cada día por no alcanzar objetivos de crecimiento imposibles. La próxima vez que alguien te diga que una startup debería haber sido rentable antes, recuerda los 80 mil millones de Meta. El dinero para soñar solo lo tienen unos pocos. Al resto, se les exige que despierten.
Descubre más desde Plétora Network
Suscríbete y recibe las últimas entradas en tu correo electrónico.