La Reina Roja se estrena en el Festival PAAX GNP con toda la fuerza de la música mexicana contemporánea
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¿Se imaginan que un descubrimiento arqueológico hecho en 1994, en lo profundo de la selva de Palenque, se convierta años después en una obra sinfónica? Pues eso es exactamente lo que pasó. El próximo 31 de julio, en el marco de la quinta edición del Festival PAAX GNP, la compositora mexicana Gabriela Ortiz estrena mundialmente La Reina Roja, una pieza orquestal que nace de la fascinación por Tz’akab Ajaw, la esposa de Pakal El Grande, cuyo hallazgo en el Templo XIII de Chiapas transformó para siempre lo que sabíamos sobre el papel de las mujeres en la civilización maya.
El descubrimiento de la tumba de la Reina Roja —como la bautizó la prensa por el color del cinabrio que cubría sus restos— no fue un hallazgo cualquiera. Fue la primera vez que se encontró una tumba real de una mujer en Palenque con tal nivel de riqueza y simbolismo. Su ajuar funerario, su posición dentro del templo y los jeroglíficos que la acompañaban indicaban que no era una consorte menor, sino una figura con poder político y religioso comparable al de su famoso esposo. Este hallazgo, registrado por la arqueóloga Fanny López Jiménez, reescribió los manuales sobre la organización social maya y colocó a las mujeres de la élite en un lugar que la historia oficial les había negado durante siglos.
Pero La Reina Roja no es una lección de historia. Es una experiencia sonora. Gabriela Ortiz, ganadora de tres premios Grammy y con una carrera que ha llevado la música mexicana a los mejores escenarios del mundo, construyó una obra en cinco movimientos que no busca describir, sino evocar. Luminiscencia en rojo abre con texturas que recuerdan la luz filtrándose entre la selva; Geometría de selva y piedra juega con patrones rítmicos que remiten a la arquitectura maya; Cinabrio es un homenaje a ese pigmento sagrado que cubría a la reina y que simboliza la vida después de la muerte; Rostro malaquita alude a la máscara funeraria de jade que la acompañaba; y Tz’akab Ajaw cierra con una invocación directa a la gobernante, como si la música pudiera devolverle la voz después de siglos de silencio.
La elección del escenario no es casual. El Festival PAAX GNP, creado y dirigido por la directora de orquesta Alondra de la Parra, se realiza en la Riviera Maya, un territorio que aún respira la herencia maya. Que esta obra tenga su estreno mundial en el mismo entorno que la inspiró establece un diálogo entre la creación contemporánea y el legado de una de las civilizaciones más importantes de Mesoamérica. No se trata de folklore ni de apropiación, sino de una conversación horizontal entre el pasado y el presente, donde la música de concierto mexicana se reconoce como heredera de una tradición que no se agota en los manuales de historia.
La obra fue comisionada por el propio festival, una práctica que Alondra de la Parra ha impulsado desde la primera edición: encargar nuevas piezas a compositores vivos, en lugar de reciclar eternamente el repertorio europeo del siglo XIX. En un mundo donde las orquestas suelen ser museos de música muerta, el Festival PAAX GNP apuesta por lo que está vivo. Y en esa apuesta, Gabriela Ortiz ocupa un lugar central. Su música, influida por el jazz, el rock y las tradiciones populares mexicanas, pero con una sólida formación académica, representa una de las voces más originales de la música sinfónica actual.

La Orquesta Imposible y el encuentro entre dos mundos
La interpretación estará a cargo de dos ensambles: La Orquesta Imposible, el grupo de solistas internacionales que el festival reúne cada año, y la Orquesta de la Comunidad de Madrid, que llega como invitada especial. Bajo la batuta de Alondra de la Parra, ambas agrupaciones se fusionarán para dar vida a esta partitura que exige precisión, fuerza y, sobre todo, sensibilidad. No es casualidad que la directora mexicana, conocida por su capacidad para conectar con el público joven, haya impulsado este proyecto. Su relación con la obra de Ortiz viene de años atrás, y esta comisión es el resultado de una colaboración que entiende la música como algo más que entretenimiento: como una forma de pensamiento.
El impacto cultural de esta obra va más allá del estreno. La Reina Roja se suma a otras comisiones que el Festival PAAX GNP ha hecho en sus cinco años de vida, construyendo un repertorio que no necesita pedir permiso ni validación externa. Es música mexicana hecha por mexicanos, para el mundo, pero sin la urgencia de demostrar nada a nadie. Y eso, en un país donde a menudo se mira hacia fuera en busca de reconocimiento, es un gesto político silencioso pero contundente: aquí hay una escena sinfónica que produce, que crea y que se sostiene por sí misma.
Gabriela Ortiz lo ha dicho: «La música tiene la capacidad de dar voz a aquello que durante mucho tiempo permaneció en silencio». En el caso de la Reina Roja, ese silencio duró más de mil años. Las mujeres de la élite maya no solían aparecer en los registros oficiales con el mismo protagonismo que los hombres, pero hallazgos como este han ido rompiendo esa narrativa. La obra no reivindica ni denuncia, simplemente hace audible esa presencia que la arqueología permitió recuperar. Y al hacerlo, nos recuerda que la historia siempre está en construcción, y que el arte es una de las herramientas más poderosas para seguir escribiéndola.
Mientras en Plétora Radio seguimos abriendo espacio para estas historias que conectan pasado, presente y futuro, el Festival PAAX GNP demuestra que la música mexicana no solo existe, sino que se expande, se transforma y se atreve a imaginar nuevos paisajes sonoros. La Reina Roja no es un homenaje, es un acto de presencia: la presencia de una mujer que gobernó, que fue enterrada con honores y que ahora, gracias a la música, vuelve a ser escuchada.
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