Hugh Jackman reinventa una leyenda con una versión oscura y humana del arquero que todos creíamos conocer
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Hugh Jackman ya nos había hecho llorar con Logan, esa despedida desgarradora de Wolverine que nos recordó que hasta los héroes más duros tienen un final. Ahora, el actor australiano vuelve a apostar por un personaje envejecido, cansado y atormentado por su pasado, pero esta vez con arco y flecha. La muerte de Robin Hood, la nueva película de A24 dirigida por Michael Sarnoski (Pig, Un lugar en silencio: Día Uno), nos presenta a un Robin Hood que no es el héroe alegre de las leyendas, sino un hombre roto que enfrenta el peso de sus decisiones.
Olvídate del Robin Hood que baila en el bosque con sus hombres alegres y roba a los ricos para dar a los pobres. Esta versión es más cruda, más realista y, sobre todo, más humana. La película se sitúa en el siglo XIII y sigue a un Robin Hood envejecido que, tras ser gravemente herido en batalla, cae bajo el cuidado de la Hermana Brígida (Jodie Comer), una priora que le ofrece una compasión inesperada. En sus últimos días, el hombre detrás del mito debe enfrentarse a quién realmente fue y preguntarse si existe redención para alguien como él.
El director Michael Sarnoski ha sido claro sobre su inspiración: el cine de Ingmar Bergman y una pregunta sencilla pero incómoda: ¿quién fue realmente Robin Hood? «Tenemos esta idea de Robin Hood bailando en el bosque con sus hombres alegres, pero la vida en aquel entonces no era así», explica Sarnoski. «Me pregunté: ¿cuál sería la versión de Robin Hood más fiel y honesta a la dureza de la vida en el siglo XIII?». La respuesta es una película que no glorifica al personaje, sino que lo desmonta, mostrando las grietas detrás de la leyenda.



Hugh Jackman y su conexión con el proyecto
Jackman, que ya ha demostrado su capacidad para interpretar personajes atormentados, encontró en el guion algo que resonó profundamente con él. «Cuando leí el guion, mucho de lo que vi resonó conmigo. Estoy fascinado con Michael como cineasta y narrador de historias», afirmó el actor. Y es que la película no solo exige una interpretación física, sino también emocional. Jackman ha comentado que las escenas de acción fueron especialmente exigentes: «Nunca había estado tan cansado en nada que haya hecho antes». Eso dice mucho de un actor que ha hecho X-Men y Misión Imposible.
Acompañan a Jackman un repartazo: Jodie Comer (Killing Eve) como la Hermana Brígida, Bill Skarsgård (It) en un papel que aún guardan bajo llave, Murray Bartlett (The White Lotus) y Noah Jupe (A Quiet Place). La química entre Jackman y Comer promete ser uno de los puntos fuertes de la película: ella representa la posibilidad del perdón; él, la imposibilidad de olvidar.
El diseño de producción, a cargo de Lorna Marie Mugan (Peaky Blinders), deja atrás la imagen romántica del héroe medieval para apostar por una estética sobria, desgastada y profundamente realista. La utilería, el vestuario y hasta las secuencias de acción están concebidas para transmitir el desgaste físico y emocional del protagonista. No hay héroes brillantes; hay hombres rotos.
La muerte de Robin Hood llega a los cines el 6 de agosto, distribuida por Imagem Films México. Es una película que exige pantalla grande: los paisajes oscuros, los primeros planos de Jackman y las secuencias de acción están diseñados para verse en cine, no en un teléfono. Además, es una oportunidad para ver a Hugh Jackman en uno de sus papeles más complejos y para cuestionarnos qué queda de nosotros cuando las leyendas se desvanecen.
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