El Mencho fue abatido con inteligencia, no con fuego, y la reacción del CJNG solo confirmó por qué este sexenio cambió las reglas.
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Cuando las primeras versiones comenzaron a circular en redes, el reflejo automático fue el de siempre: buscar el video del enfrentamiento, la filtración del helicóptero, el parte de guerra con cifras espectaculares. Pero esta vez no hubo narrativa de “guerra contra el narco” con cortinas musicales y voces graves. Lo que llegó fue un comunicado de la Sedena: coordinación, inteligencia complementaria de agencias estadounidenses, y un operativo de fuerzas especiales mexicanas que terminó con el abatimiento de Nemesio Oseguera Cervantes durante un traslado aéreo.
La diferencia con sexenios anteriores no es menor. Durante décadas, la política de seguridad se vendió como espectáculo: capturas en cenas familiares transmitidas en vivo, enfrentamientos coreografiados para el noticiario nocturno, y una retórica belicista que confundía violencia con eficacia. Este gobierno heredó esa maquinaria de propaganda y la desmanteló silenciosamente. No hay héroes mediáticos, no hay “charolazos”. Hay resultados comunicados con la frialdad burocrática que exige un tema de seguridad nacional.
Lo que vino después tampoco se pareció a los viejos libretos. Las células del CJNG activaron narcobloqueos en once estados, quemaron vehículos, paralizaron carreteras. La respuesta institucional no fue declarar la guerra en prime time, sino activar protocolos: suspensión de clases donde hacía falta, refuerzo de vigilancia en puntos estratégicos, comunicación constante con gobernadores. La Embajada de Estados Unidos emitió alertas, la Universidad de Guadalajara suspendió actividades, y el aeropuerto de Vallarta canceló operaciones de manera preventiva. No fue caos, fue contención.
Aquí es donde el análisis necesita profundidad. A las pocas horas del operativo, las redes sociales ardieron con información contradictoria. Videos generados por inteligencia artificial mostraban aviones incendiados en Guadalajara que nunca existieron. Cuentas automatizadas amplificaban rumores de balaceras en zonas donde no pasaba nada. Medios vinculados a la derecha construían una narrativa de “México se desangra” mientras las autoridades aún procesaban la información.
Esto no es casualidad. La guerra mediática contra la 4T ha encontrado en los temas de seguridad su caldo de cultivo más fértil. Cada evento de esta naturaleza es explotado para reinstalar la idea de que el país está fuera de control, que se necesita mano dura, que el modelo de “abrazos no balazos” fracasó. El problema es que esa narrativa ignora los datos: la mayoría de los homicidios dolosos se concentran en territorios disputados por el crimen organizado, no en “todo México”. Y más importante aún, olvida que la violencia no se combate con reflectores, sino con inteligencia.
El Mencho llevaba años operando con un perfil bajo que lo protegía. Casi no existían fotos recientes de él, su guardia personal portaba lanzacohetes antitanque, y rara vez salía de sus campamentos en la sierra de Michoacán. Localizarlo requirió trabajo de inteligencia de largo aliento, no operativos relámpago para la foto. Y cuando finalmente lo encontraron, el resultado no fue una captura espectacular, sino un abatimiento en traslado que evitó convertirlo en mártir mediático.
— Guardia Nacional (@GN_MEXICO_) February 23, 2026
Lo que reveló la reacción del CJNG
Los narcobloqueos del día siguiente fueron, en sí mismos, una radiografía de la organización. No hubo un mando único dando órdenes desde un búnker; las células actuaron con autonomía coordinada, demostrando por qué el CJNG es considerado uno de los cárteles más peligrosos de la historia reciente. En Jalisco quemaron vehículos, en Michoacán cerraron carreteras, en Guanajuato intentaron replicar el modelo pero fueron contenidos a tiempo. En Plétora Network y otros espacios de análisis se discutió durante horas si esto evidenciaba debilidad o fuerza.
La respuesta es más compleja de lo que admiten los titulares. Por un lado, la capacidad de desplegar violencia coordinada en once estados muestra una estructura operativa sólida. Por otro, el hecho de que su reacción se limitara a bloqueos y quemas —y no a atentados de mayor calado— sugiere que la captura de su líder los tomó con la guardia baja. No hubo atentados contra instalaciones estratégicas, no hubo emboscadas a convoyes militares, no hubo la escalada que muchos pronosticaban.
La Secretaría de la Defensa Nacional reportó el operativo llevado a cabo esta mañana por fuerzas federales, que derivó en diversos bloqueos y otras reacciones.
— Claudia Sheinbaum Pardo (@Claudiashein) February 22, 2026
Existe absoluta coordinación con gobiernos de todos los estados; debemos mantenernos informados y en calma.
Las redes…
Ahora viene lo más delicado. El CJNG no va a desaparecer porque su fundador haya muerto. Las organizaciones criminales de esta generación funcionan como franquicias: el modelo de negocio sobrevive a sus gerentes. Pero lo que sí cambia es la correlación de fuerzas interna. Sin El Mencho como figura unificadora, las disputas por el control de las plazas y las rutas pueden fragmentar al cártel en múltiples facciones. Eso, paradójicamente, podría aumentar la violencia en el corto plazo mientras los grupos se reacomodan.
Las autoridades lo saben. Por eso la Sedena y la Guardia Nacional mantienen presencia reforzada en los estados clave, por eso se activaron mesas de paz en Oaxaca y Michoacán, por eso se desplegaron más de 500 elementos adicionales en las zonas críticas. No se trata de “ganar la guerra” en una semana, sino de contener los efectos mientras la recomposición interna del crimen organizado sigue su curso.
La FGR dice que ya se identificó genéticamente el cuerpo de Rubén “N”.
— Cesar Gutiérrez Priego M.R. (@cesargutipri) February 23, 2026
Es decir, confirma que el abatido sí corresponde al objetivo.
En el mismo comunicado, la FGR informa que el Gabinete de Seguridad puso a disposición de Fiscalía de Delincuencia Organizada de armamento… pic.twitter.com/bV2o0yuQMr
Mientras tanto, en el otro lado de la frontera, la DEA y el Departamento de Justicia procesan la información con la misma frialdad: 15 millones de dólares de recompensa que ya no tendrán que pagar, y la certeza de que el abatimiento de El Mencho no resuelve la crisis de opioides ni detiene el flujo de fentanilo. Esos problemas estructurales requieren políticas de salud pública y cooperación bilateral, no solo operativos de alto impacto.