Emprender es difícil, pero más difícil es luchar contra quienes todo lo reducen
Sin lugar a dudas, ser emprendedor es complicado, como ya lo habíamos mencionado. Pero algo más complicado es luchar contra el pensamiento simplista que permea en todos lados. Desde la persona que te dice «¿por qué no haces un YouTube?» sin tener idea de lo que eso requiere a nivel económico, hasta el «prócer pensador» que simplifica todo diciendo que lo que necesitamos es una revolución, desde su comodidad en un departamento del sur de la ciudad de México.
Y no lo digo por criticar a quien opina desde su trinchera, sino porque ese simplismo tiene consecuencias. Porque quien pide una revolución sin pensar en los más desafortunados, no está viendo que quienes ya viven la violencia tremenda serían los primeros afectados si esa revolución estalla de verdad. Es fácil pedir fuego cuando no te toca el humo. Es fácil reducir todo a consignas cuando no cargas el peso de lo que propones.
Y así, ejemplos hay muchos. Gente que opina sin construir, que critica sin proponer, que simplifica sin entender. Que habla de revolución como si fuera un post, y de cambio como si fuera una idea bonita.
Por eso la invitación es otra. ¿Y si dejamos la verborrea y nos ponemos a crear? A hacer. Para uno, para la comunidad, para todos. No desde la comodidad de la crítica fácil, sino desde el trabajo real, el que no da aplausos inmediatos pero sí deja algo. Dejemos de ser simplones y vamos a hacer un cambio. No con discursos, sino con manos.

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