YouTube ha legalizado el canibalismo digital de los creadores por su propia imagen.
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El anuncio de Neal Mohan, que permite a los «creadores generar representaciones basadas en IA de sus propias imágenes», no es una herramienta de empoderamiento; es la institucionalización del reemplazo. La plataforma, ante la demanda de «expandir productividad sin incrementar cargas de trabajo», ofrece la solución definitiva: que el creador se clone a sí mismo en un algoritmo. Ya no necesitas grabar; autorizas a un modelo a generar Shorts con tu rostro. Es la culminación lógica de la economía de la atención: cuando el creador humano se convierte en el cuello de botella, la plataforma automatiza al creador.
Este «permiso explícito» es un cambio calculado en la política de deepfakes. Antes prohibidos por defecto, ahora se autorizan bajo una condición: que seas el dueño del rostro que se falsifica. YouTube no está democratizando la tecnología; está transfiriendo la responsabilidad y el riesgo al creador, mientras se reserva el control de la infraestructura. Las «protecciones explícitas» —validación de identidad y etiquetas de transparencia— son el envoltorio legal para un experimento masivo: convertir la identidad personal en un asset de software que la plataforma puede instrumentalizar. El creador ya no vende su tiempo o creatividad; licencia los derechos de su apariencia para que un modelo generative produzca contenido en su nombre.
La productividad como trampa y el precedente del reemplazo
La narrativa de «herramientas para creadores» encubre el verdadero negocio: reducir la fricción humana en la producción de contenido para saturar aún más la plataforma. El objetivo no es ayudar al creador, es optimizar el flujo de Shorts para alimentar el algoritmo de engagement. El creador que adopta esto firma un pacto a largo plazo: cede los datos biométricos de su imagen para entrenar un sistema que, eventualmente, podría prescindir de su participación creativa por completo. ¿Para qué pagar a un humano impredecible cuando tienes su versión sintética, siempre disponible y libre de conflictos?
En Plétora Network, vemos este movimiento como el establecimiento de un precedente crítico. YouTube, al normalizar que los creadores sean los primeros en reemplazarse a sí mismos con IA, allana el camino para que otras plataformas exijan concesiones similares. No es innovación; es la fase final de la plataformización: la conversión del ser humano en un conjunto de datos autorizados para su explotación automatizada. El «pionero en integración responsable» ha encontrado la forma de que firmes tu propia obsolescencia creativa, con una etiqueta de transparencia como lápida.
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