Steam Machine llega en el peor momento y Valve solo puede culpar a los precios de la RAM
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Pobres muchachos en Valve. Oye, que nadie lo dude: con el software son los reyes del mambo. Steam es ese amigo que siempre está ahí, organizando las fiestas de los juegos en PC y asegurándose de que no falte de nada. Pero en el mundo del hardware, la cosa cambia, y la historia se repite. Resulta que hace más de diez años ya intentaron colarnos las primeras Steam Machines, y fue un fiasco porque nadie entendía muy bien qué eran. Ahora, con el hype por las nubes por una nueva consola/PC que prometía ser la bomba, el destino (y los precios de los componentes) les ha vuelto a poner la zancadilla. Y todo gracias a la crisis de la memoria RAM que está desangrando a la industria.
¿Y por qué esta crisis se está llevando por delante los planes de Valve?
Pues imagínate que de repente todo el mundo se vuelve loco por construir rascacielos gigantescos para meter servidores de inteligencia artificial. Pues justo eso está pasando. Empresas como OpenAI, Google o Microsoft están en una carrera por montar centros de datos bestiales, y para eso necesitan cantidades industriales de memoria RAM. El problema es que solo hay tres grandes fábricas en el mundo que producen estos chips, y han puesto toda la maquinaria a trabajar para esos clientes premium, dejando al resto del mundo, incluidos los mortales que queremos una consola nueva, con la despensa vacía y los precios por las nubes.
Así que, con ese panorama, Valve se encuentra en un callejón sin salida. Anunciaron su nueva Steam Machine a finales del año pasado con una sonrisa, prometiendo precios y fecha de lanzamiento para inicios de 2026. La primavera llegó, se fue, y lo único que ha crecido es el costo de la RAM. La compañía ya ha tenido que soltar que el bicho saldrá sí o sí este año, pero que será más caro de lo que esperaban y, para rematar, le están echando la culpa directamente a este desabastecimiento, que también está afectando a la producción de las Steam Deck. Vamos, que en vez de una consola, parece que están intentando construir una nave espacial con piezas de Lego escasísimas.
La jugada maestra que no fue
Lo más surrealista de todo esto ocurrió hace unos días en la Game Developers Conference (GDC). Valve se plantó allí, rodeada de fabricantes y desarrolladores, con un discurso preparado para vender su visión de la consola/PC. Pero en un momento dado, entre tanta explicación técnica, lanzaron un mensaje que sonó más a súplica que a estrategia de marketing:
«Oye, si alguien por ahí tiene acceso a un lote enorme de RAM y quiere vender, que sepa que estamos en el mercado y nos encantaría comprarlo».
Sí, así, literal.
Es un comentario que puede sonar a chascarrillo entre colegas, pero en realidad es la foto perfecta de su desesperación. Valve tiene la billetera llena, no lo olvidemos. Pero en el negocio de los semiconductores, el dinero no lo es todo. Los fabricantes priorizan a los peces gordos que les compran millones de unidades al año. Ahí fuera, Apple está peleando por ser el primero en la fila de TSMC. Si hasta ellos pueden pasarlo mal, imagínate Valve, que en esta liga de los pesos pesados de la tecnología ni siquiera está en el banquillo. Simplemente no son un cliente lo suficientemente prioritario como para que las fundiciones dejen de lado a las empresas de IA.
La consecuencia de todo esto es directa y sencilla: la Steam Machine, esa que muchos esperaban como el invento que revolucionaría el salón, va a llegar tarde y con una etiqueta de precio que probablemente duela. Y lo más frustrante para Valve es que esta vez no es por falta de visión o por un diseño confuso, como en el intento anterior. Es pura y dura mala suerte, un timing fatal en medio de una tormenta económica global donde construir un PC o una consola se ha convertido en un lujo. La pregunta ahora no es si será buena, sino si alguien podrá permitírsela cuando finalmente aterrice. Y mientras tanto, en Plétora Network seguiremos mirando de reojo los precios de la RAM, que parecen no tener techo.
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